El Yoga: Un camino de vuelta a casa

El cuerpo energético y las ásanas

Somos energía. Esta energía se manifiesta en diferentes estados vibratorios, desde la más burda a la más sutil, desde el cuerpo físico hasta el espíritu. Todo es uno, todos los aspectos de nuestro ser están conectados. Es tarea del yoga hacernos conscientes de esta conexión: cuerpo – mente – espíritu.

El Yoga nos hace comprender que cualquier cambio que se produzca en uno de estos aspectos del ser va a tener su repercusión en los demás.

Eso significa, por un lado, que el correcto funcionamiento del cuerpo físico pasa por la armonía y equilibrio de las energías que circulan por él: un desequilibrio que tiene su origen en el cuerpo energético y mental acabará repercutiendo en el físico.

Por otro lado hemos de saber que esta relación se da también en sentido contrario, de manera que cuando practicamos Hatha Yoga actuamos directamente sobre el cuerpo físico mediante ásanas, pranayamas, kriyas, mudras… y ponemos en movimiento nuevamente estas energías que se hallaban bloqueadas o latentes, ayudándolas a reestablecer su equilibrio natural, con el consiguiente beneficio para la salud (aunque este no sea el principal objetivo del yogui).

Nuestro cuerpo energético se vincula al cuerpo físico y está formado por nadis (canales energéticos sutiles) y Chakras (centros energéticos donde se concentra y distribuye la energía).

Tenemos nadis y chakras por todo el cuerpo. Los centros energéticos más importantes son los 7 chakras principales que se localizan a lo largo de la columna vertebral. La columna es, por tanto, el eje del cuerpo energético (al igual que ocurre con el cuerpo físico).

El objetivo fundamental del Hatha Yoga es movilizar esas energías para equilibrarlas. Cada gesto y cada postura en el cuerpo físico deja su “huella” en los otros cuerpos y viceversa. Cuando realizamos un ásana estamos implicando diferentes zonas del cuerpo físico y energético. Pongamos dos ejemplos:

 

  • Las posturas de pie nos invitan a una actitud de fortaleza, de vitalidad, de seguridad y sobretodo de enraizamento… estos aspectos mueven la energía del primer chakra y nos recuerdan que la vida espiritual no anda desconectada del mundo físico. Nos ayuda a vivir “con los pies en la tierra”.
  • Las posturas de extensión y apertura de la caja torácica, por su parte, nos invitan a la experiencia de “abrirnos al mundo” y provocan progresivamente esa “apertura del corazón” al incidir sobre el 4º Chakra.

 

No obstante estos no son los únicos beneficios de la práctica. Al movilizar las energías estamos actuando también en el plano mental.

El Yoga, según Patánjali, es el cese de las fluctuaciones de la mente (y de la identificación con la actividad mental): Yoga chitta vritti nirodha. (I.2 de los Yoga Sutras).

No estaríamos haciendo yoga si no consiguiéramos también con la práctica de las ásanas un beneficio notable en el estado mental.

Del mismo modo en que los pensamientos (que también son energía) influyen en el cuerpo (físico y sutil), las ásanas y pranayamas tienen un poder importante para sosegar la mente.

Toda postura moviliza su energía. Toda postura conlleva su actitud mental. Del mismo modo en que un conflicto mental crea un bloqueo energético y físico, podemos con la práctica de Hatha Yoga ir soltando el cuerpo para liberar y equilibrar sus energías y obtener más calma mental.

Podemos decir que al flexibilizar el cuerpo flexibilizamos nuestra mente, y que al relajar el cuerpo se calma nuestra mente.

La práctica de Yoga nos permite darnos cuenta de que todas las manifestaciones de nuestro ser están vinculadas, de que el cuerpo es una expresión más del espíritu.

La respiración en las ásanas

Lo mismo ocurre con la respiración. Con las ásanas facilitamos la libre movilidad de los músculos de la respiración y eso conlleva finalmente una respiración más fluida y natural (con los consiguientes beneficios físicos: mayor aporte de oxígeno…).

Esta relación cuerpo – mente de la que hablábamos se evidencia también con la respiración.

Cuando estamos nerviosos nuestra respiración también se agita. Cuando tomamos un disgusto la manera en que respiramos cambia. La respiración es un reflejo directo de nuestro estado mental – emocional. Es por ello que la práctica de Pranayamas es una herramienta formidable para ayudarnos a equilibrar cuerpo y mente.

Los yoguis, además, no se van a quedar ahí. Se dice que la respiración es un puente con nuestros aspectos más sutiles y por tanto se utiliza como puerta de acceso a estados de conciencia más elevados.

Durante la práctica de ásanas la respiración puede jugar papeles muy diversos, todos importantes:

 

  • Por un lado puedo observar cómo se da la respiración en cada postura, dejar que el cuerpo respire, atender a los caminos que encuentra la respiración en cada ásana. El cuerpo sabe respirar. Este acto, el de observar y permitir que la respiración simplemente suceda es todo un acto de rendición a la voluntad divina, de soltar el control. Estamos en la observación de la respiración, estamos en el presente a través de la respiración, salimos de las fluctuaciones de la mente apoyándonos en la respiración, que además, siempre se da aquí y ahora.
  • Por otra parte, y desde el respeto hacia nosotros mismos, podemos echar mano de la respiración para llevar nuestra voluntad al cuerpo. Así, por ejemplo, la inspiración me predispone a la actividad, a energizarme, a crecer con el cuerpo, a expandirme… la espiración por su parte me invita a soltar, a suavizar, a alargar… Puedo mandar mentalmente la respiración a una zona del cuerpo para activarla o relajarla…

El Hatha Yoga Pradipika se dice:

“Cuando la respiración es irregular, la mente oscila; cuando la respiración es estable, también lo es la mente”

 

La actitud mental en las ásanas

Una de las principales diferencias entre hacer una postura de yoga y hacer gimnasia radica en este punto. De hecho, una postura sin la actitud adecuada va a ser más gimnasia que yoga, lo cual no le quita todos los beneficios de los que hemos hablado, que son muchos, pero me quedo sin el más importante, al menos para los yoguis.

La actitud principal nace de la activación de la “Conciencia testigo”. Una conciencia testigo que viene a ser algo así como la capacidad para darme cuenta de lo que ocurre. “Me doy cuenta”, observo, percibo, siento, soy testigo.

El estar presente y darme cuenta de lo que está ocurriendo va desarrollando mi capacidad de escucha interna, a todos los niveles. Soy consciente de mi cuerpo, soy consciente de mi mente, soy consciente de mi espíritu. Es un camino, en diferentes puntos, pero un mismo camino.

En el momento en el que entro en este mundo de las sensaciones, de las percepciones, estoy fuera del tumulto de los pensamientos: o siento o pienso.

Cuando hablamos de actitud hablamos de que Yoga no es competición.

No se trata de llegar más lejos ni de hacer una postura muy difícil (aunque esto también conlleve un trabajo de conciencia profundo), hablamos de  despertar la sensibilidad, la escucha de las sensaciones orgánicas, de percibir cada cambio, cada micro-movimiento… establecer un diálogo interno contigo mismo, ser capaz de mantener la firmeza de la postura y a la vez no perder la capacidad de escucha, mantener la fuerza y la sensibilidad, la actividad y la relajación… (Sthira Kukham, sutra II.46 de Patanjali)…estar dispuesto a escuchar los mensajes del cuerpo y responderle con amor y respeto, recordando que Ahimsa (no violencia) comienza conmigo mismo.

Así nos instalamos en el presente, nos olvidamos un poco del “objetivo” para permitirnos vivir la experiencia. Nos olvidamos de hacer o deshacer rápidamente la postura para vivir plena y conscientemente todo el proceso de la misma: desde que la dibujo en mi mente hasta que la hago, la mantengo y la deshago, todo desde la presencia, sin prisas y sin querer llegar a ninguna parte.

Si vivimos la práctica de este modo, la postura se convierte en una verdadera meditación a través del cuerpo, pues nos lleva a desarrollar la percepción de nosotros mismos comenzando en el cuerpo físico y viajando hacia las profundidades de nuestra verdadera esencia.

Llevarse el yoga a la vida diaria

La práctica de yoga va desarrollando la capacidad de escucha interna. Me hace más consciente de lo que me ocurre, a todos los niveles, empezando por supuesto en el plano físico. Por ejemplo:

Hoy voy andando por la calle y me doy cuenta de que voy con los hombros encogidos y las mandíbulas apretadas. El yoga me ha despertado esa capacidad de escucha. Probablemente he ido en muchas ocasiones en esa situación, pero hoy he tomado conciencia de ello.

Me doy cuenta de que ando más erguido, de que mis hombros están menos caídos hacia delante, de que consigo respirar conscientemente antes de responder a una pregunta incómoda…

Este es el síntoma de que el yoga está impregnando cada momento de mi vida. En realidad si la práctica de yoga no me sirve para todo esto entonces no me está sirviendo de mucho.

La percepción espiritual

Durante las ásanas estoy movilizando y equilibrando las energías, desarrollando la atención y la escucha, liberando patrones físicos y mentales que dificultan mi camino espiritual y sosegando la mente.

Aunque ya hemos dicho que la postura ha de vivirse como una auténtica meditación, es evidente que adoptar la postura de sentados (Padmásana, Sukásana, Varjásana… o simplemente en una silla) y disponerse para realizar ejercicios que me lleven hacia el estado de meditación me va a abrir más todavía las puertas de mi mundo interno y de manera más profunda.

El desarrollo de la percepción de mí mismo que ha evolucionado desde la etapa de la práctica de ásanas abre las puertas a la sensibilidad del cuerpo energético, más sutil. Poco a poco la capacidad de observar “como un testigo” me hace más consciente también de mis pensamientos y sentimientos.

La meditación me vuelve todavía más hacia el interior y, con la marea de mis pensamientos en calma gracias a la práctica del Hatha Yoga, me adentro en las profundidades del océano de mi mente y navego buscando mi propia identidad. Es la hora de dedicar todas las energías a observar qué hay más allá de esa mente mundana, es hora de mirarme al espejo y de preguntarme: ¿quién soy?

Los grandes maestros nos enseñan que, si somos capaces de responder a esta cuestión esto habremos roto todas las barreras que nos separan de “la verdad”, y entonces habrá terminado nuestro “camino de vuelta a casa”.

Fuente: Antonio Javier Sánchez (Profesor-Master de Hatha Yoga por la Escuela internacional de Yoga)

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