HABILITAR EL CUERPO PARA PODER SOLTAR EL PENSAMIENTO

Es realmente importante que mantengamos la intención de habitar el cuerpo en mayor medida que la mente. En primer lugar, comencemos por soltar y aligerar, al menos por unos días, las razones, opiniones e ideas que alimentan nuestra arquitectura psíquica con el objetivo de liberar cierto espacio mental que nos permita tomar un respiro, descansar y conectar con el aquí y ahora.

¿Sabías que vivir en nuestra cabeza reiteradamente promueve estrés, ansiedad y fatiga al obligarnos a viajar en el tiempo múltiples veces al día? Además, visitar el pasado y el futuro de forma compulsiva tiene otros costes. El más claro e inmediato es que nos perdemos el ahora que es realmente el tiempo en el que pasa la vida.

La psicología oriental sostiene la intención de investigar los movimientos de la mente para identificar tendencias nocivas como la compulsión de pensar a todas horas. Y es que, se refiere al pensamiento como “una adicción” que podemos aprender a soltar y dejar de alimentar. Sin embargo, afirmarlo es más fácil que hacerlo ya que como dice Eckart Tolle, autor de El poder del ahora “el problema del adicto es que no sabe que lo es”.

¿Cómo podemos dejar de alimentar esta adicción a pensar?

Si quieres saber cómo hacerlo, el primer paso es entrenar la atención para tomar consciencia de las formas de pensamiento (opiniones y juicios a los que nos aferramos de forma automática) que emergen continuamente. La premisa de base consiste en aprender a relacionarnos con los pensamientos de forma que podamos cuestionarlos sin creerlos directamente (especialmente cuando nos crean malestar o hacen sufrir). Un ejemplo ilustrativo de esto lo resume la frase del filósofo Michel de Montaigne que ya hace siglos afirmaba “mi vida ha estado llena de terribles nostalgias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”.

Muchos estudios afirman que una mente errante y que divaga no es una mente feliz. Por si fuera poco, practicar Mindfulness y centrar nuestra atención en el ahora nos ayuda a gastar menor energía, disminuyendo el consumo metabólico corporal y prolongando la vida de nuestros telómeros; esa parte de los cromosomas que se reduce con mayor celeridad si estamos sometidos a estrés y que acelera nuestro envejecimiento según las investigaciones del premio nobel Elisabeth Blackburn.

Finalmente, habitar el cuerpo, las emociones y por ende el presente puede ayudarnos a prevenir la nostalgia y la depresión que son enfermedades en auge en nuestros días y que recordando la frase de Montaigne emergen con mayor virulencia cuando moramos con excesiva asiduidad en el territorio de la mente, preocupándonos por fenómenos del futuro que no sabemos si finalmente sucederán o no.

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